XXXVI Pregón de Juan Antonio Poley Gámez

EL CANTO DE UN CAMINANTE

Reseña del XXXVI Pregón del Rocío pronunciado por Juan Antonio Poley Gámez el 6 de mayo de 2012

Silencio... No hay gritos ni aspavientos. Un abuelo locamente enamorado de los suyos frasea pasajes que desgranan racimos colmados de paz y musical armonía. Desnudo de su característico atuendo impulsivo, se quita Poley el sombrero para dejar al descubierto un perfil nuevo suyo, hasta ahora inédito. Errante como siempre, pero mentalizado en transmitir con delicadeza todo el verbo que ha amantado en el duro tránsito de la vida, conquistaste todos los corazones del auditorio (con la facilidad que te caracteriza) para enseñarnos, de la mano de un enternecedor hilo conductor –el amor a su familia simbolizado en su nieto–, por dónde se vuelven las sendas y hacia dónde fluye el caudal generoso de la Reina y Madre Virgen del Rocío.

Muy lejos de vulgares tópicos e inoportunos ripios, conseguiste pespuntear un hermoso texto, inteligentemente escenificado mediante una declamación exquisita, y agraciados movimientos de manos y gestos corporales, que lograste transmitir con interpretaciones musitadas –gozoso deleite para nuestros oídos–, sin dejar nunca de entorchar, durante todo tu Pregón, el Estandarte de nuestra Hermandad.

Tras arrancar con la ferviente dedicatoria a tu familia, y predisponernos a seguirte hasta donde tú quisieras llevarnos, con el embelesamiento de la estampa de tu nieto sobre su caballito de madera luciendo sombrero y medalla del pueblo, resultaron sobresalientes las alusiones dedicadas a don Luis Merello, “recio y hombretón bueno”, como pilar fundamental que sostiene la vida de nuestra Hermandad, y los recuerdos de aquellos Rocíos de tu mocedad, con la memoria de tantos y tantos buenos rocieros. Había sido Manuel Fernández Reguera, y no quiero olvidarlo, el presentador que ensalzó las cualidades humanas y rocieras del pregonero. Tú te crees, Reguera, ¿que el eco de tu voz no sonaba a noches de tertulia en el Varal y a tu elegancia presidencial de ciclos de conferencias?

Verea arriba, avanzaste por entre sombras de pinos y luminoso solano con más recuerdos de bautizos rocieros y vivencias de la Raya. Umbrales alfombrados de romeros –cual preludio santo– para los momentos del verdadero Pentecostés del Pregón: “La Libertad”. ¡Rociadora de libertad!, ¿no parece esto un cuento de verdad? Mira que aquel domingo nos emocionaste, y bien, cuando entonaste este fragmento, pero todavía hoy, no hay lectura que hagamos del bello libreto que has publicado, ni revisión del DVD que has editado, que no consigas, Juan Antonio hermano, volver a hacernos llorar de rabia por la hija de aquel Costalero último de las trabajaderas de Jesús silente en madrugada de aurora.

La carreta se aleja y las vocalizaciones continúan resultando perfectas... No has buscado aplausos fáciles y tu rezo vuelve a tu gente rociera, a tu familia, a tu parroquia y a tu hermandad, a la que nunca, dijiste, te cansarás de quererla. Muchas veces me has recitado, de memoria, trozos del precioso Pregón del Rocío de Manolito Curao. Ahora quiero, Juan, que no te canses de revivir las pisadas de aquel hermoso camino y que no te canses de entonarme el canto de tu Credo, porque tu Pregón, ese mismo que “reposa ya en las manitas de tu Niño”, significó el mejor testimonio de cariño que has podido brindar, pero, sobre todo, el mayor avalario de tu inquebrantable fe y piedad rociera, Caminante.


Julio Mayo Rodríguez

Terminado de escribir en El Rocío, el 19 de agosto de 2012, festividad litúrgica de El Rocío Chico y día del Traslado de la Santísima Virgen del Rocío a Almonte.


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