Real e Ilustre Hermandad de Ntra. Sra. del Rocio

Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

 

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Faltan para el Lunes de Pentecostés

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XVI Pregón. D. Manuel Rodríguez Rodríguez


“A la paz de Dios, hermanos”, como es su costumbre, fueron las palabras de entrada en el Pregón de nuestro paisano D. Manuel Rodríguez Rodríguez, Manolo Curao, en aquella época Director de Canal Sur-Radio en Cádiz. El Pregón, celebrado el 24 de Mayo de 1.992 sobre el escenario del Teatro Pedro Pérez Fernández, contó con la presentación de D. Manuel Falcón Calvo.

Nuestro querido Manolo Curao nos recordó los veinte años que la Hermandad palaciega cumpliría en aquel Pentecostés haciendo peregrinación de forma oficial al Santuario de la Blanca Paloma. Hizo hincapié el pregonero en la importancia que para el rociero debe tener su pertenencia a una Hermandad. Dejó claro que “cuando un cristiano jura las Reglas de la Hermandad, debe ser consciente del compromiso que asume y en qué se basa el hecho de ser miembro de la Hermandad del Rocío. Y es que algunas veces, en estos casos, ocurre como con la letra pequeña de los contratos, que nunca se lee y que, al final, nos acaba creando algunos desengaños. Así, cuando uno adquiere este compromiso cristiano, es necesario que leamos y repasemos la letra grande y la pequeña, porque tanto una como otra demanda el mismo grado de cumplimiento. Ser hermano del Rocío, pues, es antes que nada un compromiso de fe, devoción y amor hacia la Virgen, y luego, lo demás... No se es rociero por siete días al año, hay que serlo todo el año, a ser posible toda la vida, y ponerlo en práctica en todos los momentos del día, convertirlo en reflejo del amor que la Virgen reparte entre sus hijos”. Transmitió, por tanto, durante su oratoria cuál debe ser verdaderamente el sentir del verdadero rociero. Un sentir que nos debe llevar siempre a respetar el nombre de la Hermandad a la que pertenecemos y, en lo posible, a ayudarla a caminar a lo largo de todo un año. No estuvo, por otra parte, exento el Pregón de versos con cierto encanto peregrino:

“Al principio de la Raya un clavel yo m´encontrao con los pétalos partíos y de su tallo arrancao. Peregrino rociero, -el clavel a mí me decía- aunque el tallo esté arrancao, recógeme tú del suelo y échame en tu Simpecao”.