Cambio de escenario. Por vez primera se celebra
el Pregón del Rocío de la Hermandad
de Los Palacios y Villafranca en la Capilla
de San Sebastián de la localidad. Fue
el día 27 de Mayo de 1.984 y corrió
a cargo de D. Luis Guitart Auden, Mayordomo
de la Hermandad Matriz de Almonte, siendo presentado
por D. Ángel de la Serna y Carrión,
pregonero que le antecedió un año
antes en el atril. La Capilla del Furraque registró
un lleno para oír la voz rociera del
pregonero que, emocionado, quiso describir ante
todos la transformación que sufre la
Aldea durante los días de romería.
Y es que la Aldea se torna fantasmagórica,
la arena que pisas se ha vuelto fría,
en la oscuridad te sobresalta el aliento que
las caballerías te dejan en la nuca,
en las casas, en la calle y en las marismas
siguen la jarana y la bulla. En los alrededores
de la Ermita hierve el gentío, que deja
su huella de arena, velas y flores en el suelo
y en el aire.
Unos rezan, otros cantan; unos quieren entenderlo,
otros prefieren el escepticismo. Casi todos
se dejan llevar porque saben que no tienen demasiadas
oportunidades durante el resto del año.
El tamboril te recuerda que estás en
otro mundo. Un mundo en el que la religión
es el eje que aúna y regula las relaciones
del hombre con la naturaleza de las cosas, porque
la Blanca Paloma simboliza, quizá, la
necesidad humana del arraigo a lo divino, a
lo sobrenatural, a lo inexplicable, a lo que
da razón de ser a todo lo que no la tiene.
Quiso D. Luis Guitart ofrecernos una visión
muy personal de lo que siente el viejo rociero
en su incertidumbre de poder ver (o no) un año
más a la Señora del Rocío
cuando la carga de sus años le hace dudar
si volverá a postrarse ante Ella. Y es
que ninguno conoce si habrá otra oportunidad,
otra Romería en la que volver a gozar
contemplando su bello semblante:
Aquel viejo rociero, que tantos años
la vio, se va quitando el sombrero y le va diciendo
adiós. No sabe si volverá el próximo
año a verla, él tiene muchos años
y la muerte ya le espera.