Una persona importantísima en la historia
de nuestra Hermandad fue la encargada de ofrecernos
el Pregón, que ya cumplía un cuarto
de siglo. Se trataba del primer Hermano Mayor
que tuvo la Hermandad tras su fundación,
D. Manuel Nieto del Castillo, buen amigo y gran
rociero. Tuvo el honor de ser el primer pregonero
del Rocío que se dirigió a la
audiencia desde el atril del recién estrenado
Teatro Municipal, orgullo de todos los palaciegos.
La presentación en aquella mañana
del 20 de Mayo de 2.001 corrió a cargo
de mi persona, más por mi sincera amistad
que por haberle antecedido en los quehaceres
de la pregonería.
Rociero por convicción, rociero de caminos,
rociero de la Virgen, rociero practicante, rociero
de verdad..., siempre pendiente y a disposición
de su Hermandad. Su Pregón fue extraordinario,
repleto de vivencias y anécdotas del
camino, desde sus primeras andanzas con la Hermandad
del Rocío de Dos Hermanas (nuestra Hermandad
Madrina) hasta el sentimiento de orgullo que
le invadió cuando, tras tantos años
de peregrinar, hoy sigue conservando la amistad
de todos aquellos que le acompañaron
en alguna ocasión en su caminar hasta
Ella, Nuestra Madre:
"...Con Dos Hermanas, con cuya Hermandad
hice los primeros caminos, de los que guardo
recuerdos imborrables. Todavía tengo
la suerte de conservar las amistades que nacieron
en aquellos días, que han ido incrementándose
con el paso del tiempo. Ruego que esos pétalos
de rosas con los que cada año recibís
a la Virgen, sean por Ella transformados en
gotas de rocío, que os calen de amor
y bienestar a todos los que formáis mi
Hermandad de Dos Hermanas (...) Y si en la ciudad
nazarena tenemos Madrina, en Utrera tenemos
Ahijada, pues Los Palacios tiene la categoría
de haber amadrinado a la Hermandad de ese pueblo,
cuna del arte, de buenos rocieros y de una Madre
más, porque Madre es para los palaciegos
Nuestra Señora de Consolación...".
De madrina, Dos Hermanas, que la acompañó
en el acto la Patrona, Santa Ana.
De ahijada, Utrera, bautizo con emoción,
pues tenemos allí una Madre llamada Consolación.
Pasando el Guadalquivir, visita de gran tronío,
le rezamos a una Reina que vive en Coria del
Río.
De la Estrella coriana a la Virgen de la Granada,
flor de La Puebla del Río, donde nos
ponen las velas cuando vamos de camino.
Y para cantar la Salve se llega a Villamanrique
delante del Simpecao que tiene la primacía,
porque es el más antiguo de toda la Romería.