Año Jubilar 2.000, día 21 de Mayo.
Tuvo un servidor, D. José Salguero Alonso,
la inmensa suerte de pregonar las excelencias
de Nuestra Madre del Rocío en año
tan importante para los cristianos. Desde mi
humildad no puedo ni debo adjudicarme títulos
de poeta ni escritor, pero en mi currículo
rociero puedo presumir de haber realizado más
de cincuenta caminos hasta la Aldea, todos ellos
con Triana, y de haber sido fundador de mi otra
Hermandad del Rocío, la de Los Palacios
y Villafranca. Hermandad ésta con la
que vivo el día a día de sus gentes,
de sus oraciones, de sus Cultos, de su fervor
a la Blanca Paloma y de su hogar, esa Parroquia
del Sagrado Corazón a la que, por muchos
motivos, considero como una segunda casa.
El Cine Las Vegas -por cierto, última
vez que el Pregón se celebró en
dicho recinto- fue el escenario del último
Pregón rociero del siglo XX, en el que
intenté hacer llegar a todos mi sentir
por esos caminos durante tantos y tantos años
hasta postrarme a las plantas de la Virgen del
Rocío. Fue mi pregonar -no sé
si más o menos acertado- sincero, emotivo,
popular y sencillo. Sería mi presentador
el Diácono Permanente y en otro tiempo
Hermano Mayor de la Hermandad, D. Manuel Falcón
Calvo.
En uno de los días más maravillosos
de mi vida, con toda la fe del mundo y con todo
mi corazón rociero, me atreví
a decir desde el atril en el comienzo de mi
Pregón:
"...Y aunque el Hermano Mayor se haya fijado
en mi para que sea yo quien, en este año
especial para toda la Cristiandad, os llame
y os reclame a la Romería y al peregrinar
rociero, no quisiera ocultar que mi pobre bagaje
literario, pues ni soy escritor ni poeta, intentaré
compensarlo con el gran cariño que le
tengo a nuestra Hermandad palaciega. Una Hermandad
establecida en nuestra querida Parroquia del
Sagrado Corazón de Jesús, cobijo
de ese Cristo de la Salud al que tanto quiero
y de ese Simpecado de la Blanca Paloma al que
tantas veces cantan y rezan, y junto al que
ríen y lloran quienes han arraigado en
su ser la devoción a la Virgen del Rocío.
Este año 2.000 ha de ser Año
de júbilo y esperanza, año en
el que todos los cristianos, ante el llamamiento
a una vida nueva a través de la fe, debemos
responder mostrando nuestra humildad, pidiendo
perdón y viviendo en plenitud la Justicia
y la Hermandad. Mi gratitud eterna a esta, nuestra
Hermandad del Rocío de Los Palacios y
Villafranca, que al convertirme en pregonero
me ha ofrecido el mayor honor terrenal que para
un rociero existe, que no es otro que poder
cantar y rezar las Glorias a la Madre de todos
los rocieros, aquella a la que al mirar su cara
inspira los más bellos piropos y las
más hermosas metáforas que un
buen poeta -que no es mi caso- puede recitar:
No sé qué tiene tu cara, Virgen
Santa del Rocío, que al verte, rosa temprana,
a mi me da escalofrío. Eres rosa, eres
jazmín, eres nardo y mejorana... Madre
de los rocieros, no sé qué tiene
tu cara. Eres carriles ardientes, arena de los
caminos, eres Río y eres puente, ramas
de eucalipto y pino. Eres tomillo y romero,
lucero de la mañana, alivio del peregrino,...
no sé qué tiene tu cara. Eres
corriente del Río, sombra de los encinares,
eres gota de rocío y junco en los pastizales.
Eres lirio marismeño, adelfa, lentisco
y jara, eres la Reina del Cielo,... no sé
qué tiene tu cara. Eres yugo, eres carreta,
eres candela encendía, polvo de esa Raya
inmensa, manta de las noches frías. Eres
flauta, eres tambor, eres cohete y bengala,
tu cara no sé qué tiene,... no
sé qué tiene tu cara".