Otra primavera más en la que la sangre
rociera se altera al presagiar un nuevo Rocío,
un nuevo camino, un nuevo encuentro con la Virgen,
un nuevo Pregón que en esta ocasión
tuvo lugar el día 9 de Mayo de 1.993
y estuvo a cargo de mi buen amigo y buen rociero
D. Luis Miguel Murube Bejines, hermano de nuestra
Hermandad del Rocío de Los Palacios y
Villafranca, cofrade desde que nació
y capataz del majestuoso paso de Nuestro Padre
Jesús Cautivo ante Pilatos. De nuevo
fue el Teatro Pedro Pérez Fernández
escenario del acto, siendo presentado el mismo
por el pregonero que le antecedió en
el atril el año anterior, nuestro también
paisano Manuel Curao.
D. Luis Miguel comenzó su Pregón
emplazando a los que no creen en el Rocío
a vivir ciertos momentos y detalles que, a buen
seguro, les haría cambiar su opinión:
"Hay quien dice del Rocío que es
mentira y vanidad y yo le digo que vaya para
saber la verdad. Que vea la entrada de los romeros,
coplas en los labios, sangre en los pies, que
vea los bueyes que se arrodillan, que vea a
la Virgen y que hable después... que
hable después".
A continuación, el pregonero proclamó
la dificultad que entraña pregonar la
Romería del Rocío, pues cada uno
tiene un pregón propio, distinto de los
demás y que, por tanto, se podrá
acercar en mayor o menor medida a lo que el
orador de turno esté revelando:
"Dar un Pregón es arriesgado,
puesto que hay quien piensa que en el tema del
Rocío, por amplio que sea, se llega a
un límite en que ya está dicho
todo. Yo, sin embargo, no sé si ingenuamente,
pienso que al haber variación en la persona,
las vivencias son distintas, los sentimientos
son distintos, los puntos de vista son distintos
y el Pregón, necesariamente, tiene que
ser distinto, aportando cada pregonero un jirón
de su propia alma, diciendo siempre algo nuevo.
Y como pregonar es publicar en voz alta algo
que es necesario que todos sepan, el Pregón
del Rocío es contar la historia nueva
de una tradición de siglos.
Yo no tengo a mi favor más que mi entusiasmo,
mi cariño y mi fe en la Virgen, y el
haber nacido en este pueblo marismeño
de Los Palacios al que tanto quiero. Y ya que
no soy persona muy literaria ni muy versificadora,
voy a intentar hacer de este Pregón un
camino escrito con todos ustedes".
A pesar de su advertida humildad literaria,
el palaciego nos regaló versos de gran
belleza que emocionaron a todos cuantos nos
reunimos para oír su llamada. Y es que
todos esperamos con inquietud la noche previa
a la partida:
"¡Levántate, rociero, hermano
de Los Palacios, que aunque todavía es
de noche el Cielo está iluminado: será
de tantos cohetes como en la noche han tirado.
Los luceros, sorprendidos, pa Los Palacios han
mirao, y han visto que va un boyero guiando
dos bueyes y un carro pa la Parroquia bonita
donde aguarda el Simpecao, que es de un terciopelo
fino que los ángeles han bordao".