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El pregonero
y su Pregón de Los Palacios.
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"A la paz de Dios, hermanos", como
es su costumbre, fueron las palabras de entrada
en el Pregón de nuestro paisano D. Manuel
Rodríguez Rodríguez, Manolo Curao,
en aquella época Director de Canal Sur-Radio
en Cádiz. El Pregón, celebrado
el 24 de Mayo de 1.992 sobre el escenario del
Teatro Pedro Pérez Fernández,
contó con la presentación de D.
Manuel Falcón Calvo.
Nuestro querido Manolo Curao nos recordó
los veinte años que la Hermandad palaciega
cumpliría en aquel Pentecostés
haciendo peregrinación de forma oficial
al Santuario de la Blanca Paloma. Hizo hincapié
el pregonero en la importancia que para el rociero
debe tener su pertenencia a una Hermandad. Dejó
claro que "cuando un cristiano jura las
Reglas de la Hermandad, debe ser consciente
del compromiso que asume y en qué se
basa el hecho de ser miembro de la Hermandad
del Rocío. Y es que algunas veces, en
estos casos, ocurre como con la letra pequeña
de los contratos, que nunca se lee y que, al
final, nos acaba creando algunos desengaños.
Así, cuando uno adquiere este compromiso
cristiano, es necesario que leamos y repasemos
la letra grande y la pequeña, porque
tanto una como otra demanda el mismo grado de
cumplimiento. Ser hermano del Rocío,
pues, es antes que nada un compromiso de fe,
devoción y amor hacia la Virgen, y luego,
lo demás...
No se es rociero por siete días al año,
hay que serlo todo el año, a ser posible
toda la vida, y ponerlo en práctica en
todos los momentos del día, convertirlo
en reflejo del amor que la Virgen reparte entre
sus hijos".
Transmitió, por tanto, durante su oratoria
cuál debe ser verdaderamente el sentir
del verdadero rociero. Un sentir que nos debe
llevar siempre a respetar el nombre de la Hermandad
a la que pertenecemos y, en lo posible, a ayudarla
a caminar a lo largo de todo un año.
No estuvo, por otra parte, exento el Pregón
de versos con cierto encanto peregrino:
"Al principio de la Raya un clavel yo
m´encontrao con los pétalos partíos
y de su tallo arrancao. Peregrino rociero, -el
clavel a mí me decía- aunque el
tallo esté arrancao, recógeme
tú del suelo y échame en tu Simpecao".
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HERMANDAD |
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